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Algunas pruebas clave, que te demostrarán la verdad oculta sobre las religiones.

Si te dijera que todas las religiones profesadas por la humanidad en la actualidad, no provienen de la inspiración divina y que provienen directamente de la élite en el poder. ¿Qué pensarías?
Más de uno pensaría directamente que estoy chiflado, seguramente lo pensarán aquellos que no se han parado a leer las pruebas ni los enlaces que presentamos en este artículo.
Hoy hablaremos de pruebas, de hechos incontestables.
¿Te atreves a seguir leyendo a riesgo de dinamitar todos tus esquemas mentales sobre el pasado y el presente?
Adelante pues.
Decirte que una casta sacerdotal en coordinación con la clase dirigente ha creado todas las liturgias, escritos sagrados y deidades desde babilonia hasta nuestros días quizá te diga muy poco.
Pero ¿qué pensarías si por ejemplo te dijera que la ciudad de Nazaret jamás existió antes de la escritura del nuevo testamento? o que moisés, Jesucristo o alá son personajes, ¿tan reales como papa Noel o los reyes magos?
Vamos con las pruebas.

Nazaret no es mencionada por ningún historiador o geógrafo del siglo primero de nuestra era ni tampoco en ningún siglo anterior a esa fecha.
Nazaret no se menciona ni en el antiguo testamento ni en el talmud donde se citan todas las ciudades de galilea.
Ni siquiera el historiador Flavio Josefo (que tampoco era contemporáneo del supuesto cristo), la menciona en su exhaustivo registro de la población de galilea.
Flavio Josefo
Josefo en su registro relata con detalle un total de 45 ciudades y aldeas. Nazaret no está incluida. No porque Josefo le “tuviera manía”, simplemente no había ninguna Nazaret.
Los defensores del nuevo testamento alegan que Nazaret “debía ser una pequeña aldea insignificante y que por eso nadie se acordó de ella en ningún texto durante miles de años”.
Pero se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.
Según el nuevo testamento Nazaret era una ciudad con sinagoga, no una minúscula aldea escondida.
Las pruebas. Lucas: 4: 29
Lucas: 4: 16
Entonces, ¿por qué utilizó la élite romana ideóloga del cristianismo, el nombre de Nazaret como el lugar donde el imaginario cristo pasó sus años de “vida privada”?.
La etimología una vez más nos da la clave.
El término “Nazaret” viene del hebreo “nazir” que significa el apartado o el escogido de dios.
Esto nos indica el profundo conocimiento que la casta sacerdotal romana tenía de los mitos y símbolos judíos y egipcios. Y digo egipcios porque la famosa cruz no es invento cristiano si no una readaptación de la cruz egipcia.
Esta élite que nos domina mentalmente ha ido readaptando los mitos mesopotámicos y egipcios a lo largo de los siglos.
No hay ni una sola prueba arqueológica o escrita durante el periodo de vida del supuesto cristo que acredite la existencia ni de Jesús, ni de maría, los apóstoles, maría magdalena, juan bautista, san José etc., etc.
Todos tan reales como papa Noel o los reyes magos.
En cambio todos sabemos que los reyes magos no existieron y que es un cuento para niños. ¿Por qué elegimos creer en que algo es real y lo otro es cuento cuando todo viene de la misma fuente?
Hasta ese extremo llega el control mental que ejerce esta élite oscura sobre todos nosotros.
El evangelio nos dice que Jesús fue crucificado “junto a dos ladrones”.
Lo que no te dicen es que los romanos en la época que relata el nuevo testamento no crucificaban a los ladrones, sólo a los asesinos, los enemigos de batalla o aquellos que se alzaban en armas contra el poder.
La sábana santa otra de las pruebas de los defensores del nuevo testamento ha resultado ser otro fraude.
Amigo cristiano si en este momento la cabeza empieza a darte vueltas, no te preocupes no eres el único.
El judaísmo también es un mito creado por la casta sacerdotal del reino de Judá en el siglo vii a.m.
Personajes como Noé o moisés son tan reales como snoopy o el capitán américo.
No hay ni una sola evidencia arqueológica o escrita anterior al pentateuco que acredite la existencia de moisés y mucho menos el éxodo de Egipto ni tan siquiera que hubiera judíos en aquel tiempo.
http://www.lanacion.com.ar/775002-el-exodo-no-existio-afirma-el-arqueologo-israel-finkelstein
Tal como demostramos en el siguiente artículo clave, la casta sacerdotal del reino de Judá se inventó el éxodo basándose en la expulsión de los hicsos (de origen semita) del bajo Egipto por parte de los faraones del alto Egipto.
Y por cierto, los hicsos no eran esclavos si no una élite de extranjeros de origen semita con conocimientos avanzados que se hicieron con el poder en el bajo Egipto.

El pentateuco también tiene sus ciudades inventadas.
Ciudades egipcias como pitom o Ramsés no existían en las fechas que relatan el pentateuco pero sí cuando se escribieron en el siglo vii a.m.
Y qué decir del islam, una nueva vuelta de tuerca de las otras dos religiones brahmánicas, pura invención de un señor llamado Mahoma que procedía de una familia de la élite mesopotámica.
Todos estos textos religiosos fueron escritos basándose en una mitología anterior sumeria y egipcia.
La santísima trinidad es un concepto utilizado durante milenios.

Desde la trinidad babilónica de Nemrod, sembramos y tamiz, hasta los dioses utilizados por los egipcios.
El símbolo de la flor de lis presente en muchas banderas simboliza esa "trinidad".
Observad unos detalles clave.

El término “amén” tiene su origen en Egipto.
El dios Amón se pronunciaba en egipcio amén.
La trinidad de esta religión originaria de Tebas era aman (padre), amonte o amenes (la esposa) y Jonsu (el hijo).
El femenino de amén era Amenet, con lo cual la traducción de Nazaret sería “nazir- et “, “la que está reservada para dios “.

Amén-ra con el halo divino y la cruz en la mano
Una prueba más sobre las fuentes que utilizaron los escritores del nuevo testamento, que nada tenían que ver con humildes pastores o pescadores de galilea, dado que éstos eran analfabetos en aquella época.
Ninguno tenía acceso a la educación pero los escribas y la élite sí.
Amón o amén posteriormente conocido como Amón-ra o Amén-ra, era el dios solar al igual que el dios judeo-cristiano.
Su hijo jonsu era una deidad lunar en la que se basó Mahoma para crear el Corán.
Curiosamente Amenet la esposa de amén era una mujer con cabeza de serpiente.
https://es.wikipedia.org/wiki/amonet
Estatuillas mesopotámicas, cultura el obeid
tras la expulsión de los hicsos ( futuros israelitas y fenicios ) de Egipto, el faraón que reunificó Egipto, Amosis I, cambió a la diosa madre Amenet por la diosa Mut.
Diosa Mut con la cruz en la mano
https://es.wikipedia.org/wiki/amosis_i
Este hecho evidenciaba el interés del faraón por permanecer al menos públicamente al margen de la adoración a la serpiente.
Adoración que profesaban los hicsos y sigue profesando la élite actual en secreto.
La creación de deidades ha ido siempre ligada al poder. Un ejemplo lo tenemos en Egipto con el culto a Atón.
amén-hotep iv propuso una nueva religión monoteísta alejado de la trinidad divina. El culto a amén-ra se sustituyó por otra deidad también solar llamada Atón.
hasta tal punto llegaba la identificación del poder con la religión que el faraón amén-Hotep IV cambió su nombre por Aken-atón.
Aken-atón, una deidad solar única, monoteísmo puro y duro como el posterior Yahvé judaico inventado por los sacerdotes del reino de Judá sin lugar a dudas influenciados por el culto a atón.
Recordemos que el reino de Judá se estableció en Canaán, territorio bajo la órbita del imperio egipcio durante miles de años.
Una vez explicados los hechos debo decir que cada cual es libre de creer en lo que estime oportuno, el problema no radica ahí.
El problema no es la práctica de unas costumbres y tradiciones religiosas que deben ser respetadas como algo personal y propio de cada ser humano.
El problema es que se está tratando de vender como real una historia inventada por la élite en el poder, con un claro objetivo.
Adormecer el intelecto y la voluntad humana,
A la élite no le importa en qué religión creas, mientras creas en alguna. Ya que todas ellas le pertenecen.

Esto nuevamente nos lleva a un punto de reflexión muy importante.
¿Es humana esa inteligencia que durante milenios readapta conceptos religiosos para tenernos enfrentados?
¿Qué tipo de “inteligencia” hay detrás de toda esta manipulación humana, cuando el objetivo es algo tan oscuro, como el control y el enfrentamiento?
¿Puede un ser humano hacer planes a mil o dos mil años vista?

Obelisco egipcio en el vaticano
¿Dónde están esos dioses sumerios creadores de la civilización, han desaparecido realmente de nuestras vidas?

¿O quizá siguen manejándonos desde otro plano de existencia?

La religión como enfermedad mental

Debemos tener en cuenta que cuando hablamos sobre creencias ya estamos hablando de una percepción diferente de lo real, adentrándonos en el terreno de la fe, que en ciertos casos sirve para justificar acciones irracionales en una obediencia ciega a una autoridad divina. Sin embargo, aunque la religión es el campo propicio donde se cultivan conductas que podríamos relacionar con enfermedades mentales, dichas conductas no residen como tal en las instituciones religiosas, sino sobre todo, en la interpretación personal o colectiva de las doctrinas y en la vivencia de dichas prácticas incorporadas poco a poco como legítimas en la mente de cada creyente y que se expresan de forma consciente o inconsciente en comportamientos o acciones, casi siempre irracionales. La fe mueve al creyente a desprenderse de una racionalidad común, convirtiéndose en un arma de doble filo para la sociedad, al llevar a la persona de razón a la locura alternativamente, en unos casos más que en otros. En este escrito daremos una visión panorámica de la posible relación que existe entre religión (entendida como religiosidad) y la enfermedad mental, acercándonos primero desde Dawkins a la experiencia personal del fenómeno, y luego desde la aproximación que hace Szasz entre creencia religiosa y esquizofrenia, idea que se concretará con la posición de Sartre sobre la fe de Abraham y sobre cómo abandonarse en una creencia religiosa es tan enajenante como la misma creencia patológica del esquizofrénico.
Richard Dawkins
Sobre la experiencia personal
De acuerdo a Richard Dawkins en El espejismo de Dios (2007), uno de los argumentos que utilizan los creyentes para justificar una revelación de Dios y que los mueve a actuar o a transformar su vida, es el “argumento de la experiencia personal “de algunas situaciones “milagrosas” o, más bien, poco usuales que les hace pensar en un designio divino. Veamos un ejemplo:
Uno de los más listos y maduros de mis compañeros de promoción, que era profundamente religioso, se fue de acampada a las islas escocesas. En mitad de la noche, él y su novia fueron despertados en su tienda de campaña por la voz del diablo —el propio Satanás; no había duda posible: la voz era, en todos los sentidos, diabólica—. Mi amigo nunca olvidaría esa horrible experiencia y este fue uno de los factores que le impulsaron a su ordenación como religioso. Mi propia juventud se sentía impresionada por su historia, y la repetí en una reunión de zoólogos que se estaban relajando en la taberna La Rosa y la Corona, en Oxford. Sucedió que dos de ellos eran ornitólogos y se empezaron a reír a carcajadas. «¡Una pardela de Manx de Manx!», gritaron a coro. Uno de ellos añadió que los diabólicos gritos y cacareos de estas especies le habían hecho ganar, en diversas partes del mundo y en diferentes idiomas, el apodo local de «Pájaro del Diablo».
De esta manera, según Dawkins (2007) muchos creyentes deben su fe en Dios a una experiencia personal, les parece haber visto la aparición milagrosa de una virgen o un ángel de luz que, creen, los ha salvado de alguna situación de peligro, o sienten que Dios les habla directamente en el interior de sus cabezas, revelándoles algo o dándoles una misión, como sucede con los pacientes esquizofrénicos. Sin embargo, un argumento basado en la experiencia personal sólo puede convencer a aquellos que han experimentado la aparición o escuchado las voces; pero para los demás es la que tiene menos credibilidad, principalmente por posibles implicaciones psicológicas o psiquiátricas. En otras palabras:
¿Dices que has experimentado a Dios directamente? Bien, algunas personas han visto un elefante rosa, pero probablemente eso no nos impresiona. Peter Sutcliffe, el violador de Yorkshire, distinguía con claridad la voz de Jesús diciéndole que matara a mujeres, y fue encerrado de por vida. George W. Bush dice que Dios le dijo que invadiera Iraq (una lástima que Dios no le revelara que no había armas de destrucción masiva). Los individuos que están en los manicomios piensan que son Napoleón o Charlie Chaplin, o que el mundo entero está conspirando en su contra, o que pueden transmitir sus pensamientos a los cerebros de otras personas.
En realidad no existe una verdadera diferenciación entre una creencia religiosa y una creencia derivada de problemas psiquiátricos, que no tiene una justificación racional, como lo describe Sam Harris en El Fin de la Fe, más que por la simple recurrencia. Cuando las creencias de una persona están dentro del rango de lo común, la persona es religiosa; pero si sus creencias son poco comunes, como ser Superman, creerse la reencarnación de Jesucristo o poder ver con sus ojos la composición atómica de la realidad, decimos que está loca. Aunque, para Harris, es normal que las estadísticas determinen los estándares de salud, y que la cultura occidental siga interpretándola creencia de que Dios pueda oír lo que pensamos o hablarnos en el interior de nuestra mente, como algo normal; “mientras que es una demostración de enfermedad mental creer que se comunica contigo mediante un código morse repiqueteando en tu ventana en un día de lluvia. Y así, mientras que las personas religiosas normalmente no están locas, sus creencias profundas sí lo son”.
En ese sentido, la realidad que experimenta la persona que tiene la visión religiosa se presenta como algo construido mediante una captación actualizada e inmediata del entorno, al contrario del esquizofrénico, al que su mente le construye internamente una realidad que no asume libremente. Según Dawkins, el cerebro humano funciona con un software de simulación de primera clase. Nuestros ojos no presentan a nuestro cerebro una fotografía fidedigna de lo que hay en el exterior, o una película precisa de lo que ocurre a lo largo del tiempo. Nuestros cerebros construyen continuamente un modelo actualizado: actualizado por los impulsos codificados que revolotean por el nervio óptico, sin embargo, construidos.
Pero para Dawkins, tal captación de datos sensoriales se configura de acuerdo a unas ideas o creencias preestablecidas. Nos encontramos entonces con una especie de alternancia frecuente entre dos realidades que se complementan con los datos recibidos del entorno, presentes ambas en la mente del creyente. De esta manera, el cerebro elije, según se requiera, una simulación u otra: se puede experimentar la realidad-real y de un momento a otro cambiar a una realidad ficcionada de forma imperceptible, de manera que esa segunda realidad puede ser percibida casi como la primera, pero alterada en diferentes grados según sea la persona que experimenta el “estímulo religioso” que se presenta, y la misma intensidad de dicho estímulo. Tal cambio en la percepción se explica de la siguiente manera:
El software de simulación del cerebro es especialmente adepto a generar caras y voces. En el alféizar de mi ventana tengo una máscara hueca de plástico de Einstein. Cuando se la mira de frente parece, sin duda alguna, una cara sólida. Lo que es sorprendente es que, cuando se la mira desde detrás —por la cara hundida— también parece una cara sólida y nuestra percepción de ella es, en realidad, muy extraña. Según el que la está mirando se mueve a su alrededor, parece que la cara le está siguiendo —y no de la forma sutil y poco convincente en que se dice que nos siguen los ojos de la Mona Lisa—. Realmente, realmente, parece que la máscara hundida se está moviendo. Las personas que no han visto con anterioridad esta ilusión se quedan boquiabiertas de asombro. Más extraño aún: si la máscara está montada en una base que gire lentamente, parece rotar en la dirección correcta cuando estás mirando a la cara sólida, pero en la dirección opuesta cuando la cara hundida es visible. El resultado es que, cuando te fijas en la transición de una cara a otra, la cara entrante parece «comerse» a la cara saliente. Es una ilusión alucinante y bien valen la pena los problemas que origina cuando se mira. A veces puedes estar sorprendentemente cerca de la cara hundida y no darte cuenta de que «realmente» está hundida. Cuando se ve esto, tiene lugar de nuevo una alternancia repentina, que puede ser reversible.
Albert Einstein
¿Cuál es el truco en la percepción de la máscara? En realidad no existe ningún truco en la máscara para confundir, el truco está en el cerebro de la persona que la está mirando: se captan más o menos los rasgos que corresponden a una cara y al recibir esos datos dispersos, el cerebro organiza y completa las figuras, los contornos, y la configura como una sola imagen con sentido, ya sea que se esté mostrando el lado hueco o el lado sólido de la máscara. Sin embargo, la intención que tiene Dawkins al proponer aquel ejemplo es la de mostrar la capacidad de lo que llama software cerebral de simulación para construir visiones extremadamente verosímiles. Además agrega que “sería un juego de niños simular un ángel o un fantasma o una Virgen María para un software de tal sofisticación”. De igual forma que con la visión, sucede con los sonidos, el cerebro establece un modelo de sonido basado en los datos que comúnmente le llegan al oído, los cuales cuentan con una uniformidad y estabilidad permanentes. Podemos identificar un discurso porque identificamos su estructura, las frases, las palabras y sus combinaciones, las cuales se captan e interpretan de acuerdo a una constante en el cerebro, como se evidencia en este otro ejemplo:
Una vez, cuando era niño, oí a un fantasma: una voz masculina murmurando, como si fuera una recitación o una plegaria. Casi pude, aunque no del todo, identificar las palabras, que parecían tener un serio y solemne timbre. Me habían contado historias de tumbas de sacerdotes en casas antiguas y yo estaba un poco asustado. Pero salté de la cama y me acerqué a la fuente del sonido. Según me acercaba, sonaba más alto, y entonces, de repente, «alternó» dentro de mi cabeza. Ahora estaba lo suficientemente cerca para discernir lo que era en realidad. El viento, pasando por el ojo de la cerradura, estaba creando sonidos que el software de simulación de mi cerebro había usado para generar el modelo de un discurso masculino, entonado solemnemente. Si hubiera sido un niño más impresionable, es posible que no solo hubiera «oído» un discurso ininteligible, sino también palabras concretas e incluso frases completas. Y si hubiera sido educado de una forma impresionable y religiosa, me pregunto qué palabras es posible que hubiera dicho el viento.
De esta manera se hace evidente, como hemos dicho antes, que el cerebro tiene la tendencia de elaborar modelos constructivos, y esto puede hacerlo por medio de la imaginación, de los sueños; o cuando se da de forma excesivamente vívida, en la alucinación. Pero esto no significa que aquello configurado en imagen o sonido sea algo real. Aunque, “si somos crédulos, no discernimos las alucinaciones o un sueño lúcido de lo que es la realidad, y afirmamos haber visto u oído un fantasma; o un ángel; o Dios; o —especialmente si da la casualidad de que somos jóvenes, mujeres y católicas— la Virgen María. Tales visiones y manifestaciones no son una buena base para creer que los ángeles, dioses o vírgenes están ahí realmente”.
Además de todo lo dicho con respecto a la experiencia personal en el campo de las alucinaciones, Dawkins se pregunta por las visiones colectivas, como la que se cuenta de setenta mil peregrinos en Fátima el 13 de octubre de 1917 con el llamado milagro del sol, los creyentes reportaron ver el sol moverse violentamente y casi caer sobre la multitud ¿Cómo podemos explicar que tantas personas pudieran compartir una misma alucinación? Podría ser que dicha elucidación colectiva se derivara de la exposición prolongada de la retina a la luz directa del sol, o por la exposición insistente por breves períodos de tiempo, o por ciertas alteraciones atmosféricas que incluso pudieron hacer parecer que el sol giraba y cambiaba de color. Lo cierto es que el resto del mundo no pudo apreciar ese fenómeno, que si fuera real, implicaría la destrucción del sistema solar. También parece improbable que tantas personas fueran engañadas a la vez, o tal vez todos fueron persuadidos para observar el milagro al mismo tiempo, exponiendo y maltratando sus retinas por la luz directa del sol. Pero, para Dawkins, podemos considerar como más posible cualquiera de las anteriores situaciones que su alternativa, es decir, que el sol si hubiera salido agresivamente de su órbita y que esto hubiera destruido el sistema solar, pudiendo ser percibido tal acontecimiento solamente por aquellos que estuvieran en Fátima.
 ¿Llena la religión un vacío?
“A menudo se dice que hay un vacío con forma de Dios en el cerebro, que necesita ser rellenado: tenemos una necesidad psicológica de Dios —amigo imaginario, padre, gran hermano, confesor, confidente—, y que necesita satisfacerse tanto si Dios existe realmente como si no”.
 Dawkins se pregunta ¿si tal vacío existiera en el cerebro humano, en realidad tendría que ser llenado por Dios? Podríamos llenarlo con cualquier otra cosa, como con arte, con ciencia; con amor a una vida concreta en este mundo, sin esperar que exista una en el más allá; con amor hacia la naturaleza o hacia la amistad. Pero en realidad no lo sabemos. Lo que sí se sabe es que la religión ha ejercido cuatro roles principales en la vida humana: explicar, exhortar, consolar e inspirar.
Podríamos decir que Dios se presenta como un amigo imaginario. Parece que los niños que tienen amigos imaginarios en realidad creen que existen e incluso pueden verlos, en su alucinación, de forma tan clara como a cualquier persona. El amigo imaginario se convierte en un compañero de camino y en un confidente, los mismos roles que atribuimos a Dios, como sucede en el siguiente ejemplo:
Una niña, tenía un “pequeño hombre púrpura”, que para ella parecía una presencia visible y real; y que se manifestaba a sí mismo, chispeando desde el aire con gentiles sonidos de campanillas. Él la visitaba regularmente; especialmente cuando se sentía sola, pero con decreciente frecuencia a medida que avanzó en edad. En un día en particular precisamente antes de ir al kindergarten, el pequeño hombre púrpura vino hacia ella, anunciado por la usual fanfarria de campanillas y le anunció que no la visitaría más. Esto la entristeció, pero el pequeño hombre púrpura le dijo que ella se estaba haciendo grande ahora y que no lo necesitaría a él en el futuro. Él tenía que irse para poder cuidar a otros niños; él le prometió que regresaría si alguna vez ella realmente lo necesitaba. Él regresó muchos años después; en un sueño, cuando ella tuvo una crisis personal y estaba tratando de decidir qué hacer con su vida. La puerta del cuarto se abrió y apareció una carretilla cargada de libros siendo empujada hacia dentro del cuarto…por el pequeño hombre púrpura. Ella interpretó esto como un consejo de que ella debería ir a la universidad—consejo que siguió y después juzgó como bueno.
A partir de este ejemplo, nos dice Dawkins, podemos llegar a comprender los roles de consolación y asesoramiento que realizan los dioses imaginarios en las vidas de las personas, lo cierto es que a pesar de que puedan existir solamente en la imaginación, se presentan como completamente reales y siempre están dispuestos a escuchar con paciencia. Pero, no sabemos si los dioses evolucionaron en sus roles de consoladores y consejeros de los amigos imaginarios de la infancia en la etapa primitiva de la humanidad, es decir, conservando y retornando a esa necesidad infantil habiendo evolucionado ya la especie, para Dawkins, podría ser más bien lo contrario, los dioses y los amigos imaginarios podrían estar relacionados por medio de la evolución humana pero de forma inversa, pensando que la separación de la mente bicameral, planteada por el psicólogo estadounidense; Julian Jaynes (teoría que afirmaba que algunas personas percibían su propio pensamiento como algún tipo de conversación entre un “yo” y algún otro protagonista, aunque o ya sabemos que ambas voces son la nuestra, por lo menos si queremos seguir siendo considerados dentro del rango de la salud mental), se dio progresivo regreso hacia la infancia en donde las alucinaciones sobre amigos imaginarios ya estaban siendo superadas, es decir, en esa humanidad primitiva los dioses imaginarios desaparecieron primero de las mentes adultas, dispersándose progresivamente cada vez más hacia atrás, hasta las instancias más tempranas de la vida, quedando sólo unos pequeños rezagos que no se presentan en todos los niños, ni de la misma forma. El único problema con esta teoría es que no podríamos explicar porque todavía siguen presentes los dioses en la mente de los adultos humanos actuales, en este sentido, simplemente tendremos que interpretar a los dioses y a los amigos imaginarios como sub-productos de la misma predisposición psicológica.
 Religión y esquizofrenia
“Si hablas con Dios, estás rezando; si Dios habla contigo, tienes esquizofrenia. Si los muertos hablan contigo, eres un espiritista; si Dios habla contigo, eres un esquizofrénico”.
 Para Thomas Szas
Thomas Szasz
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 en El segundo pecado, de forma similar a como lo plantea Dawkins, la frecuencia con que se presentan algunas creencias en la colectividad, puede determinar para la mayoría lo que podemos llamar normal y anormal en términos de salud mental, en este sentido, un enfermo mental sería aquel que tiene opiniones o comportamientos completamente desprendidos de los comportamientos y creencias sociales estándares. Sin embargo, no existe una diferenciación justificada entre las creencias que tiene un esquizofrénico y las que tiene un protestante, un católico o un musulmán (más que la que se atribuye a su identidad religiosa) En este contexto, podemos pensar en diferentes movimientos religiosos marcados por el fanatismo y la radicalidad, donde la religión parece facilitar una visión distorsionada de lo moral y lo legal; como lo fueron en su tiempo las cruzadas, que eliminaban a cualquier costo a los enemigos del Papa, de las cuáles una de ellas se dirigió, por órdenes de Inocencio III, contra la misma Europa para eliminar la herejía de los Cátaros, poniendo como buena la persecución religiosa y las masacres en nombre de la fe; la Santa Inquisición, perfeccionó instrumentos y técnicas de tortura e instaló en el ideal colectivo todo tipo de Folklore sobre brujas, herejes y endemoniados; y en nuestro tiempo, los grupos islámicos fundamentalistas, que basados en la licencia de la defensa de sus ideales religiosos, propenden por la destrucción de cualquiera que piense o rece diferente, por medio de decapitaciones, crucifixiones y ahogamientos que además difunden como propaganda. Todos estos fanáticos religiosos ni fueron ni son encerrados en instituciones psiquiátricas o similares para que cambien sus creencias, modifiquen las acciones irracionales que fundan en ellas, y asuman las que tienen la mayoría de las personas, como sucede con los esquizofrénicos. Así lo afirma Szasz:

T. Zsasz
Cuando un hombre dice que es Jesús o Napoleón, o que los marcianos le persiguen, o afirma alguna otra cosa que escandaliza el sentido común, se le pone la etiqueta de psicótico y se le encierra en el manicomio. La libertad de palabra es sólo para las personas normales. Un hombre que dice ser Jesús no se está quejando, se está jactando. Consideramos que su afirmación es un síntoma de enfermedad; él lo considera una señal de grandeza. Si crees que eres Jesús, o que has descubierto una cura para el cáncer (y no es verdad), o que los comunistas te persiguen (y tampoco es verdad), entonces es probable que tus creencias se consideren síntomas de esquizofrenia. Pero si crees que los judíos son el Pueblo Escogido, o que Jesús era el Hijo de Dios, o que el comunismo es la única forma de gobierno científica y moralmente correcta, entonces es probable que tus creencias se tomen como reflejo de quién eres; judío, cristiano, comunista. Por esto creo que descubriremos la causa química de la esquizofrenia cuando descubramos la causa química del judaísmo, el cristianismo y el comunismo. Ni antes ni después.
Según Szasz, los psiquiatras se concentran en la búsqueda de genes defectuosos, daños en la comunicación neuronal o falencias químicas en el cerebro como causas determinantes de la esquizofrenia, ya que ésta ha sido constituida como una enfermedad, pero “Si llamáramos enfermedad al cristianismo o al comunismo, ¿buscarían entonces los psiquiatras las «causas» químicas y genéticas de estas «dolencias»?”. Al contrario de esto, el tratamiento psiquiátrico parece tomar el aspecto de venganza de una sociedad ofendida porque el anormal expone sus poco cotidianas creencias, perturbando a veces los espacios ajenos. En otras palabras:
¿Por qué los psiquiatras han prestado tanta atención a los llamados síntomas del esquizofrénico y tan poca a sus derechos? Quizá porque muchos esquizofrénicos se comportan como si los demás no tuvieran ningún derecho: violan su intimidad, por no decir su sentido de la realidad. Así pues, al esquizofrénico puede tratársele como: 1) un loco peligroso; 2) una persona que tiene experiencias sumamente dramáticas e insólitas; o 3) una persona que no respeta los derechos ajenos.
Aunque ya sabemos que tal venganza no se aplica con los que profesan creencias religiosas, y que en ocasiones, traen consecuencias mucho más dañinas y ofensivas en especial para otros grupos de creyentes, para los no creyentes o para el que se cruce en el medio.
Para Szasz, lo que normalmente se denomina esquizofrenia es la exageradamente baja capacidad que tiene una persona para seguir reglas. Un niño puede aprender una cantidad de reglas mediante la autoridad de los padres y adultos que lo rodean, cómo hablar, cómo vestirse, cómo comportarse en sociedad. Un comportamiento en el niño que puede desencadenar esquizofrenia podría deberse a la poca atención de los adultos o al poco reconocimiento de la autoridad, como sucede comúnmente en la adolescencia. En esta etapa, especialmente si se carece de una autoridad que establezca reglas, el joven actúa como si nada se le pudiera prohibir. Si algo le está prohibido de alguna manera es porque eso no vale la pena; sin no sabe hacer algo bien, finge tener conocimientos que no posee. En ese sentido, esquizofrenia podría ser entendida como un tipo de arrogancia.
De esta manera, cuando una persona se presenta como la reencarnación de Jesucristo, saliéndose de los esquemas de comportamiento y creencia establecidos socialmente, un psiquiatra tradicional dirá que sufre alucinaciones; mientras Szasz afirmará que está mintiendo, pues no podemos saber estrictamente cuál es la diferencia, cuál es la creencia normal y cuál la anormal:
Una ilusión es algo que te ocurre, algo que «tienes». Una mentira es algo que tú haces que ocurra, algo que tú haces. ¿Cuál de los dos puntos de vista es correcto? Algo que le ocurre a una persona –un accidente o un error– es neutral en lo que a motivaciones se refiere; por lo tanto, puede que beneficie a la persona. Pero las personas que tienen ilusiones nunca afirman ser Fulano (sus amigos y vecinos): siempre insisten en que son Jesús o Napoleón.
Hay muchas personas que dicen haber presenciado apariciones de vírgenes y santos, en ellas, afirman los elegidos, hay una verdadera interacción, un éxtasis religioso, como en el caso de Santa Teresa de Jesús, de San Francisco de Asís o de los pastorcitos de Fátima. Y no puede faltar el ejemplo de Abraham, al que Dios ordena inmolar a su hijo como ofrenda de lealtad y que, aunque vacilando, se dispuso a hacerlo, pero librándose de matarlo porque Dios le habla diciendo que había pasado la prueba. En este sentido, la religión hace una diferencia entre las apariciones o visiones que puede presenciar un iluminado y las que puede tener un loco, la diferencia es simple, en la primera hay una comunicación con la divinidad y en la segunda, un trastorno mental. “ De ahí la asociación íntima, en el pensamiento psiquiátrico moderno y en el pensamiento moderno “intelectualmente sofisticado “en general, entre la llamada excesiva religiosidad y la locura—suponiendo que la locura a menudo se manifiesta a través de “una excesiva religiosidad”, y la “excesiva religiosidad” a menudo es contemplada como una causa de la locura”.
 Sobre la creencia de Abraham
De esta manera, entregamos la responsabilidad que tenemos sobre nuestras acciones a un dios. En Sartre, el hombre es angustia, ya que se compromete cuando elige y al mismo tiempo es un legislador que elige la humanidad entera, por lo cual también es responsable. Estar angustiado es, entonces, sentir la experiencia de la libertad, la indeterminación que todos quieren llenar con otras cosas sin éxito. La angustia sigue oculta y espera pero resurgirá tan pronto las distracciones se dispersen, los partidos de fútbol que transmiten los domingos por la tarde, el cine, caminar de arriba para abajo las calles, reunirse con los amigos, la música todo el día, los mensajes del móvil e incluso música mientras duermes. Pero hay un vacío fundamental, una profunda incertidumbre ante la cual la mayoría no puede sobrevivir sin llenarla, y es precisamente el espacio que le hemos reservado a la indeterminación de Dios.
Kirkegard
A este sentimiento Kierkegaard lo llamaba angustia de Abraham (angustia precisamente de saber si ese sentimiento o esa voz interior es Dios que le habla), y aunque éste abordaba un existencialismo cristiano, la angustia no tendrá una connotación completamente diferente a la que Sartre le da, es decir, la experiencia de lo indeterminado. En aquel, Abraham será el héroe de la fe en tanto que da un salto para proyectarse hacia la divinidad y así configurar su proyecto de vida como un proyecto perfectible que se encuentra, al mismo tiempo, entre este mundo y un más allá que le da sentido. En Kierkegaard, la fe es sobre todo de orden existencial, no es un pensamiento sino una relación concreta entre el existente y Dios. De esta manera, la fe no es posible sino por el sacrificio total de la razón en función de la relación absoluta con Dios.
Para Sartre es todo lo contrario, aunque la experiencia de lo indeterminado siga siendo la misma, no hay manera alguna en que podamos entregar la responsabilidad de nuestros actos a un dios, sino por un enmascaramiento de nuestra propia libertad. Aunque parezca en realidad el atributo de un santo, una creencia ciega, asumida voluntariamente, no puede distinguirse mucho de la creencia que posee un enajenado mental de forma involuntaria, y es por eso que debemos abandonarla. Sólo yo puedo decidir si esa voz es la de Dios, pero si a mí me parece que lo es, no puedo obligar a lo de más a que lo crean. En palabras de Sartre:
Conocen ustedes la historia: un ángel ha ordenado a Abraham sacrificar a su hijo; todo anda bien si es verdaderamente un ángel el que ha venido y le ha dicho: tú eres Abraham, sacrificarás a tu hijo. Pero cada cual puede preguntarse; ante todo, ¿es en verdad un ángel, y yo soy en verdad Abraham? ¿Quién me lo prueba? Había una loca que tenía alucinaciones: le hablaban por teléfono y le daban órdenes. El médico le preguntó: Pero ¿quién es el que habla? Ella contestó: Dice que es Dios. ¿Y qué es lo que le probaba, en efecto, que fuera Dios? Si un ángel viene a mí, ¿qué me prueba que es un ángel? Y si oigo voces, ¿qué me prueba que vienen del cielo y no del infierno, o del subconsciente, o de un estado patológico? ¿Quién prueba que se dirigen a mí? ¿Quién me prueba que soy yo el realmente señalado para imponer mi concepción del hombre y mi elección a la humanidad? No encontraré jamás ninguna prueba, ningún signo para convencerme de ello. Si una voz se dirige a mí, siempre seré yo quien decida que esta voz es la voz del ángel; si considero que tal o cual acto es bueno, soy yo el que elegiré decir que este acto es bueno y no malo. Nadie me designa para ser Abraham, y sin embargo estoy obligado a cada instante a hacer actos ejemplares. Todo ocurre como si, para todo hombre, toda la humanidad tuviera los ojos fijos en lo que hace y se ajustara a lo que hace. Y cada hombre debe decirse: ¿soy yo quien tiene derecho de obrar de tal manera que la humanidad se ajuste a mis actos? Y si no se dice esto es porque se enmascara su angustia.
De esta manera, la angustia de tomar una decisión es precisamente el abordaje previo de una acción anticipada, se trata de elegir una opción entre una diversidad de posibilidades, la cual tiene valor por el mismo hecho de haber sido elegida, y asumir la responsabilidad de las consecuencias de dicha elección. Sin embargo, todo esto no puede ser posible si entregamos nuestra responsabilidad y nuestra libertad a un agente externo como lo es un dios. Así, la angustia se explica en la medida que somos conscientes de que estamos en el desamparo, sin un Dios que dicte normas. Pero no se trata simplemente de afirmar a la ligera que Dios no existe, pues la mayoría piensa que, aunque éste fuera solamente una idea, es una idea que hace posible que haya una moral, un tipo de vigilancia que hace que actuemos correctamente, que existan unos valores a priori.
Para el existencialismo, los valores seguirán existiendo, “nada se cambiará aunque Dios no exista; encontraremos las mismas normas de honradez, de progreso, de humanismo, y habremos hecho de Dios una hipótesis superada que morirá tranquilamente y por sí misma”. Esto suena coherente aunque para las personas creyentes es incómodo pensar que pueden ser dueños de su propia responsabilidad y que ya no pueden delegarla a un agente externo o refugiarse en normas impuestas para justificar sus acciones, para afirmar que no son libres. Como lo dice Sartre:
El existencialista, por el contrario, piensa que es muy incómodo que Dios no exista, porque con él desaparece toda posibilidad de encontrar valores en un cielo inteligible; ya no se puede tener el bien a priori, porque no hay más conciencia infinita y perfecta para pensarlo; no está escrito en ninguna parte que el bien exista, que haya que ser honrado, que no haya que mentir; puesto que precisamente estamos en un plano donde solamente hay hombres.
Sartre dirá que la existencia precede a la esencia y eso precisamente significa que no estamos determinados, que no somos algo definitivo y terminado, sino que nos hacemos en la medida en que existimos, en que elegimos, en que creamos nuestros propios valores, en que hacemos evidente la característica más fundamental de cada uno como proyecto de vida, la libertad. En ese sentido, no encontrar un dios que nos determine, que tenga una misión para nosotros o que trate de regular nuestra conducta por medio de mandamientos, hace evidente que estamos solos a la hora de decidir y sin excusas a la mano para ocultar nuestra propia libertad. En palabras de Sartre:
Dostoievsky escribe: “Si Dios no existiera, todo estaría permitido”. Este es el punto de partida del existencialismo. En efecto, todo está permitido si Dios no existe y, en consecuencia, el hombre está abandonado, porque no encuentra ni en sí ni fuera de sí una posibilidad de aferrarse. No encuentra ante todo excusas. Si, en efecto, la existencia precede a la esencia, no se podrá jamás explicar la referencia a una naturaleza humana dada y fija; dicho de otro modo, no hay determinismo, el hombre es libre, el hombre es libertad. Si, por otra parte, Dios no existe, no encontramos frente a nosotros valores u órdenes que legitimen nuestra conducta. Así, no tenemos ni detrás ni delante de nosotros, en el dominio luminoso de los valores, justificaciones o excusas. Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace.
Fedor Dostoievsky
 Conclusión
 A partir de todo lo anterior podemos pensar que es posible que exista una relación entre la religión y la enfermedad mental o que tal vez no sean sino dos manifestaciones de una misma enfermedad por la cual podemos captar una realidad ficcionada de forma consciente o inconsciente. Una enfermedad de la creencia hace posible que no podamos diferenciar entre la alucinación o la realidad, tanto en el creyente como en el esquizofrénico. También puede manifestarse en ese sentimiento que tenemos de incompletitud, esa necesidad de llenar un vacío en nosotros, el cual tratamos de colmar con conversaciones al interior de nuestra mente, a través de soliloquios o de oraciones. Sartre parece haber identificado en qué consiste la necesidad de tener una creencia religiosa, consiste precisamente en la necesidad que tiene el hombre de no sentirse libre, de no sentir la obligación de tener que elegir sin alguien que lo respalde, sin alguien que le diga lo que es bueno y lo que es malo.

Desentierran al primer papa de la historia. Lo que encontraron prueba que Jesús no existió.

La momia del papa San Pío I es una de las mejores conservadas en la historia de la humanidad. Su cadáver no fue embalsamado, se momificó de manera natural por un periodo cercano a los 1,700 años.
Sus restos son considerados un verdadero hallazgo para la ciencia, pues a pesar de que en vida sufrió de enfermedades cardiovasculares, cálculos biliares, gota, diabetes, caries y tuberculosis, sus órganos se conservan intactos.
Este obispo fue un hombre de época para la iglesia, ya que es considerado como el primer papa oficial de la orden. Nació en Aquilea, Italia. Y murió en el año 155, para después ser enterrado en la hermosa catedral de Aquilea.
Mucho tiempo después, en el año 1789 el edificio de la catedral fue demolido. El ataúd del papa fue abierto y para sorpresa de todos, el cuerpo se encontraba en perfecto estado. Finalmente el cuerpo fue trasladado a una capilla en el año 1875.
Estudios aseguran que existen varias razones por las que el cuerpo se ha conservado de tan buena manera. Primero porque se momificó de manera natural gracias al aire, porque falleció entre los meses de noviembre y diciembre, que son los más fríos del año y por la gran cantidad de plantas y humedad que había al interior de la cripta.
Pero fue hasta el año 2010 que un grupo de científicos tuvo la oportunidad de estudiar detenidamente los restos.
La almohada y el colchón del ataúd estaban llenos de plantas y vegetales que desprendían un olor muy fuerte, probablemente para disimular el olor del cadáver, pero también para preservarlo. Había lavanda, menta, lúpulo y bayas de enebro”.
Sin embargo, lo verdaderamente sorprendente fue cuando desprendieron las vestiduras del ataúd, pues encontraron una gran cantidad de documentos que narraban diferentes versiones de la supuesta vida del hijo de Dios, Jesús de Nazaret.
El descubrimiento sugiere que altos mandos de la iglesia católica escondieron la evidencia que prueba que la historia del mesías fue solo un invento para llevar a cabo los propósitos de la orden.
Entre los documentos se pudieron encontrar las historias de cientos de profetas que tuvieron una vida muy semejante a la de Cristo, entre los que destacan las figuras de Horus, Mithra, Krisna, Dionisio, etc.
Luego del hallazgo comenzaron a surgir una gran cantidad de versiones acerca de lo que en verdad sucedió con Jesús. Por su parte, la ciencia sostiene que existe evidencia para probar la existencia de Jesús el hombre, pero no como la vida del supuesto hijo de dios, esa es una narración creada a partir de la vida de otros profetas y de distintas culturas del mundo.


El momento presente ¿por qué lo rechazamos tanto?

"El momento presente, la primera resistencia de nuestra mente"
Cuando un bebe nace siempre está “presente” y, en la medida en que vaya desarrollándose y creciendo, irá perdiendo esa percepción sustituyéndola por la de la mente con sus pensamientos y creencias aprendidas y esto (obviamente) va a depender de la infancia que tenga, las memorias heredadas y la información de su propia personalidad.
Todos lo comprenderíamos si planteamos la historia de un niño que haya sido criado en una isla donde apenas haya tenido contacto humano ni haya una estructura social ya creada o impuesta. Un lugar donde la naturaleza es la que manda de forma que ese niño no aprende conductas establecidas, actitudes mentales o creencias determinadas…
Sólo aprende a sobrevivir con las experiencias de su entorno funcionando, en casi su totalidad, de forma biológica. Ese niño no tendrá gran capacidad de razonamiento mental o de lógica educacional desde el intelecto según los patrones aprendidos en una sociedad ya estructurada y condicionante…
"Pero ese niño si estará, siempre, “PRESENTE” y nadie le enseñó cómo hacerlo porque es una actitud innata al ser. Es la “presencia” de nuestro ser a través de nuestro cuerpo"
Observar la diferencia entre la presencia y el intelecto es cuestión de sentir más que una explicación en la que pudiera decir que es observar sin pensar o poner etiquetas (lo dicen los maestros). O que es sólo sentir, eso lo entiende todo el mundo, así que, dejemos que cada uno sienta por sí mismo.
Si vivíamos en un ambiente que nos asustaba ¿Quién desearía permanecer así, cuando un niño lo que quiere y necesita es amor, comprensión, apoyo y protección? De niños estamos indefensos, somos vulnerables por lo que, retirarnos o marcharnos, sólo lo haríamos en un estado de gran estrés o estado de shock en el que solo veríamos algunas opciones como salir corriendo, quedarnos paralizados o reventar llorando, pataleando…
"Cuando, físicamente hablando, no conseguimos huir de lo que estamos viviendo, otra forma que nos queda es la mental y nos separamos, mentalmente hablando, del presente"
Cuando no se ha llegado al límite en la resistencia a algo, lo primero que podemos hacer, y que nos resulta más fácil, es evadirnos mentalmente. Esto ocurre seamos pequeños o siendo ya adultos. Sucede constantemente porque seguimos reproduciendo situaciones y formas de vida que, en muchos casos, no aprobamos pero no somos capaces de cambiarlas y las permitimos o consentimos.
Nos aburre el presente. No queremos pararnos a sentir cada momento como cuando estamos fregando los platos ¡qué aburrido!, intentamos huir y lo hacemos lo más deprisa que podemos. No disfrutamos de las cosas más sencillas y necesarias del día a día.
Estamos siempre pensando en la acción siguiente (atados a horarios…) o en algo del pasado. Acostumbrados a organizar, plantear, pensar, disponer, preocuparnos, buscar… Es un -no parar- constante…
Distinto son todas aquellas personas que no tienen opciones y se rinden totalmente. Algunos resignados, no pueden distraerse como otros porque no tienen o no ven opciones con las que soñar.
Pienso que, cuando hay aceptación y satisfacción con lo simple de la vida, la resistencia al presente no tiene sentido porque todo es un disfrute, hasta el “no hacer nada” es aceptado sin que esto suponga un problema para nuestra mente.
"El presente es la constante interminable que existe en este espacio-tiempo y en el cual se muestran todas las posibilidades que nuestra mente tanto se empeña en separar y descartar"

Cristianismo: el fraude de un emperador.

Un investigador demuestra que el Cristianismo fue creado en el siglo IV por el emperador Constantino
·         Eusebio de Cesarea y Lactancio fueron los autores de todos los libros del Nuevo Testamento.
·         A esta conclusión ha llegado el investigador Fernando Conde Torrens y la plasma en su libro “Año 303. Inventan el Cristianismo“. Miles de horas de estudio y doce años indagando entre los Evangelios y demás textos de esa época han dado como consecuencia este extraordinario descubrimiento.
Concilio de Nicea
En el libro, una reconstrucción histórica en forma novelada, su autor expone año a año el proceso por el que Lactancio y Eusebio de Cesarea preparan en secreto la redacción de todos los escritos del Nuevo Testamento, Evangelios, Epístolas, Hechos y Apocalipsis para el advenimiento del Cristianismo. Simultáneamente, Constantino se hace dueño absoluto del Imperio, desplazando a todos los demás Emperadores…
Constantino y Lactancio, los falsificadores; Eusebio, el traidor
El año 314 Constantino, dueño ya de la parte Occidental del Imperio, convoca el Concilio de Arlés (Sur de Francia) e inicia así la implantación del Cristianismo en medio Imperio, el Occidental. El año 324, tras derrocar a su cuñado, el Emperador Licinio, Augusto de Oriente, Constantino convoca el Concilio de Nicea al año 325 y repite en Oriente lo que antes había hecho en Occidente. Pero en Oriente aparecen detractores y la tensión crece. Lactancio ha muerto el año 319 y Eusebio está en el bando opositor.
Lactancio fue el verdadero creador de la nueva religión, pero Eusebio se opuso a la falsificación y preparó los textos para dejar huellas de que todo era un invento. En el libro se detallan las tres técnicas que empleó: La doble redacción, las estructuras y los acrósticos, o firmas, en todos los escritos, ya que interpoló los que había escrito Lactancio a la muerte de éste.
En el libro se muestran como ejemplos 14 firmas de Simón, la mayoría múltiples, en Evangelios, Epístolas, pasajes de Flavio Josefo, Plinio el Joven y en la propia Historia eclesiástica, la obra más conocida de Eusebio de Cesarea. El autor demuestra que todos esos pasajes son obra de Eusebio y llevan su firma característica (Simón).
Cristianismo, el mayor fraude de la Historia
Las consecuencias del mayor fraude de la historia de Occidente quedan en evidencia y ayudan a explicar muchos aspectos de nuestro mundo. La obra descubre además las raíces del odio hacia los judíos y hace un rápido repaso de las doctrinas que el Cristianismo sepultó”, comenta Fernando Conde Torrens.
El libro “Año 303. Inventan el Cristianismo” pone fin a una investigación que se inició en la Universidad de Tubinga (Alemania) en torno al año 1.850 y que ha durado 150 años. Sólo algunos investigadores independientes han trabajado en este tema. El autor, cuyos conocimientos de latín, griego y hebreo le permiten acceder a los escritos en su idioma original, señala que “lo más relevante de este libro es que aporta pruebas documentales de que estamos ante una manipulación gigantesca que ha durado 17 siglos y que ha afectado a tres continentes”