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¿Tiene alguna relación, la religión y la ignorancia?

Dirán que ellos son muy estudiosos, que tienen carrera universitaria y creen; hablarán de grandes pensadores y teólogos, de grandes tratadistas de la fe; esgrimirán grandes colecciones e ingentes bibliotecas; discutirán sobre la ontogénesis y filogénesis de los Evangelios, incluso de los ángeles… Dirán lo que quieran, pero la religión sólo crece en la tierra de la incultura y con el abono de la ignorancia.
Sus “sabios” girando siempre en torno a la misma noria; el suelo, millonario en fieles y milenario en años, enlosado por gentes sin cultura. Los “sabios”, dando de comer al hambriento… con viento.
¡Con qué razón dicen hoy que el futuro de la Iglesia está en África! ¿No se preguntan por qué huye con el rabo entre piernas de Europa? ¿O por qué no en América del Sur, con tantos años de cristianismo irredento que no ha logrado nada para esos pueblos más que miseria añadida y espaldarazo a dictadores? Y ven cómo en América se lanzan en los brazos taumatúrgicos de religiones sectarias con más “Espíritu Santo”, es decir, con más jolgorio festivo e impregnadas de magia, ocultismo, sanaciones, adivinaciones y conjuros.
La religión es a la cultura y a la ciencia como la infancia es al desarrollo de la personalidad. En ambos terrenos surge propicia la credulidad: tanto en la religión como en la infancia los credos –los cuentos– sirven a la imaginación, al desarrollo del sentimiento, al consuelo, a la visceralidad, a la emotividad… Tienen su vigencia y su porqué. Pero cuando son los niños los que quieren hacerse “mayores”, hay “mayores” que prefieren seguir siendo niños. Para muchos es más cómodo. Pura Psicología.
Y no vengan con aquello de “si no os hiciereis como niños…” porque también es palabra de Dios eso otro de “cuando yo era niño, pensaba como niño…”.
La religión es la infancia de los pueblos. Infancia que muchos postergan para que dure toda su vida. En muchos aspectos, su personalidad no ha crecido, ha seguido siendo “infante”, etimológicamente no ha llegado a hablar. Jamás se preguntarán por la verdad intrínseca de cualquiera de sus credos ni menos se atreverán a hacer palabra la idea.
A pesar de sus monumentales tratados y quizá escudándose en ellos, ignorancia, incluso buscada y de la que se glorían. De Santomásdeaquino es la frase “soy hombre de un solo libro”. Y se dedicó a marear la perdiz toda su vida. Por lo mismo, la razón que busca, que investiga, que discute, que se pregunta a sí misma… es la gran ramera, en palabras de Martín Lutero (“La razón es la ramera del diablo, que no sabe hacer más que calumniar y perjudicar cualquier cosa que Dios diga o haga”). “Sacrificamos el intelecto a Dios”, decía Ignacio de Loyola.

Curiosamente se trata del mismo intelecto, la misma razón, que les sirvió a ellos para desarrollar la Escolástica, desmenuzar y destripar las “grandes verdades” de la fe, inventar realidades novísimas (como se sabe, los “novísimos” son muerte, juicio, infierno y gloria) y seguir mamando de la teta de Universidades y Colegios. En esa dirección sí sirve la inteligencia; en la otra, en desmenuzar la fe hecha dogmas para tirarlos a la papelera, es condenable.
Hoy la fe está a la defensiva. Ya no puede aguantar en pie ni un segundo en su confrontación con el conocimiento, con la razón, con el sentido común. Por eso busca otros cobijos o emigra a otras tierras. Ese mismo Tomás de Aquino moriría de anoxia en nuestro mundo. Dígase lo mismo de otros ámbitos, por ejemplo del judaísmo: no hay humus para el cordobés emigrado a Egipto Maimónides ni para que florezcan tratados como su “Guía de perplejos”.
Y si éstos dos citados pasaban por ser “sabios” y junto a otros son los que permanecen en la memoria dado que permanecen sus escritos, nosotros que desde los seis años ya al menos sabemos leer no nos podemos hacer idea de la supina y abismal ignorancia en que vivía sumida la gran masa de población de esos tiempos. Ignorancia que llevaba consigo temores y terrores sobrevenidos o inducidos.
Pero hoy nos parecería criminal y digno de condena el hecho de que, de la ignorancia de esos “sabios”, surgieran valores, conceptos, preceptos y normas morales impuestos por la Iglesia como verdades axiomáticas. De conceptos falsos derivan necesariamente prácticas aberrantes.
La xenofobia de los judíos hacia otros pueblos hermanos se alimentó de frases como “…los pueblos turcos, negros y nómadas… su naturaleza es como la de las bestias privadas de habla” (Maimónides). Tomás de Aquino, aunque proclive también a la astrología, enseñó que en cada expermatozoide individual estaba contenido el núcleo de un ser humano. De tal verdad, la Iglesia prescribió el control de la natalidad, la continencia sexual, el no al aborto terapéutico y demás enseñanzas morales de la Iglesia.

El gran literato Agustín de Hipona, henchido de egocentrismo e ignorante compulsivo, entre muchísimas “enseñanzas” que por su verborrea quedaban confirmadas, fue el que inventó el famoso “limbo”, propiciando con ello los bautismos neonatales y cargándose la libertad de decisión del infante, pero a la vez introduciendo la angustia en millones de padres católicos por la suerte de sus hijos. ¿Y Lutero? ¿No conocemos de él el terror enfermizo hacia los demonios? ¿No decía que los enfermos mentales eran producto del diablo? ¿Y Mahoma, lo mismo que Jesús, no decía que por el desierto pululan espíritus malignos? Él los llamaba “djinns”.
Las citas podrían constituir toda una Summa Antropológica de Barbaridades Científicas. Barbaridades que no tendrían mayor importancia si no llevaran añadidas sus correspondientes dosis de doctrina moral… y obligación de entregar parte de la cosecha al clero.

Responden a un hecho bien simple: la humanidad ha pasado por periodos pre e históricos en los que nadie tenía la menor idea de lo que sucedía. De ese periodo es de donde surge la religión, mantenida por motivos de muy variada índole, entre los cuales seguimos encontrando el fundamental, LA IGNORANCIA.

"El Exodo no existió", afirma el arqueólogo Israel Finkelstein

TEL AVIV.– Israel Finkelstein es un hombre de suerte: aunque sus trabajos de arqueología cuestionan el origen divino de los primeros libros del Antiguo Testamento, judíos y católicos acogen sus hipótesis con auténtico interés y, curiosamente, no lo estigmatizan.
Este enfant terrible de la ciencia revolucionó la nueva arqueología bíblica cuando afirmó que la saga histórica relatada en los cinco libros que conforman el Pentateuco de los cristianos y la Torá de los judíos no responde a ninguna revelación divina. Dijo que, por el contrario, esa gesta es un brillante producto de la imaginación humana y que muchos de sus episodios nunca existieron.
"Los primeros israelitas eran pastores nómadas de Canaán"
dice Finkelstein.
El Pentateuco “es una genial reconstrucción literaria y política de la génesis del pueblo judío, realizada 1500 años después de lo que siempre creímos”, sostiene Finkelstein, de 57 años, director del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv.
Añade que esos textos bíblicos son una compilación iniciada durante la monarquía de Josías, rey de Judá, en el siglo VII a.C. En aquel momento, ese reino israelita del Sur comenzó a surgir como potencia regional, en una época en la cual Israel (reino israelita del Norte) había caído bajo control del imperio asirio.
El principal objetivo de esa obra era crear una nación unificada, que pudiera cimentarse en una nueva religión. El proyecto, que marcó el nacimiento de la idea monoteísta, era constituir un solo pueblo judío, guiado por un solo Dios, gobernado por un solo rey, con una sola capital, Jerusalén, y un solo templo, el de Salomón. En sus trabajos, que han marcado a generaciones de la nueva escuela de la arqueología bíblica, Finkelstein establece una coherencia entre los cinco libros del Pentateuco: el Génesis, el Exodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio. Los siglos nos han traído esos episodios que relatan la creación del hombre, la vida del patriarca Abraham y su familia -fundadores de la nación judía-, el éxodo de Egipto, la instalación en la tierra prometida y la época de los Reyes. Según Finkelstein, esos relatos fueron embellecidos para servir al proyecto del rey Josías de reconciliar a los dos reinos israelitas (Israel y Judá) e imponerse frente a los grandes imperios regionales: Asiria, Egipto y Mesopotamia. El arqueólogo recibió a LA NACION en la Universidad de Tel Aviv.
-Durante más de veinte siglos, los hombres creyeron que Dios había dictado las Escrituras a un cierto número de sabios, profetas y grandes sacerdotes israelitas.
-Así es. Para las autoridades religiosas, judías y cristianas, Moisés era el autor del Pentateuco. Según el Deuteronomio, el profeta lo escribió poco antes de su muerte, en el monte Nebo. Los libros de Josué, de los Jueces y de Samuel eran archivos sagrados, obtenidos y conservados por el profeta Samuel en el santuario de Silo, y los libros de los Reyes venían de la pluma del profeta Jeremías. Así también, David era el autor de los Salmos y Salomón, el de los Proverbios y el del Cantar de los Cantares.
-Y sin embargo?
-Desde el siglo XVII, los expertos comenzaron a preguntarse quién había escrito la Biblia. Moisés fue la primera víctima de los avances de la investigación científica, que planteó cantidad de contradicciones. ¿Cómo es posible -preguntaron los especialistas- que haya sido el autor del Pentateuco cuando el Deuteronomio, el último de los cinco libros, describe el momento y las circunstancias de su propia muerte?
-Usted afirma que el Pentateuco fue escrito en una época mucho más reciente.
-La arqueología moderna nos permite asegurar que el núcleo histórico del Pentateuco y de la historia deuteronómica fue compuesto durante el siglo VII antes de Cristo. El Pentateuco fue una creación de la monarquía tardía del reino de Judá, destinada a propagar la ideología y las necesidades de ese reino. Creo que la historia deuteronómica fue compilada, durante el reino de Josías, a fin de servir de fundamento ideológico a ambiciones políticas y reformas religiosas particulares.
-Según la Biblia, primero fue el viaje del patriarca Abraham de la Mesopotamia a Canaán. El relato bíblico abunda en informaciones cronológicas precisas.
-Es verdad. La Biblia libra una cantidad de informaciones que deberían permitir saber cuándo vivieron los patriarcas. En ese relato, la historia de los comienzos de Israel se desarrolla en secuencias bien ordenadas: los Patriarcas, el Exodo, la travesía del desierto, la conquista de Canaán, el reino de los Jueces, el establecimiento de la monarquía. Haciendo cálculos, Abraham debería de haber partido hacia Canaán unos 2100 años antes de Cristo.
-¿Y no es así?
-No. En dos siglos de investigación científica, la búsqueda de los patriarcas nunca dio resultados positivos. La supuesta migración hacia el Oeste de tribus provenientes de la Mesopotamia, con destino a Canaán, se reveló ilusoria. La arqueología ha probado que en esa época no se produjo ningún movimiento masivo de población. El texto bíblico da indicios que permiten precisar el momento de la composición final del libro de los Patriarcas. Por ejemplo, la historia de los patriarcas está llena de camellos. Sin embargo, la arqueología revela que el dromedario sólo fue domesticado cuando se acababa el segundo milenio anterior a la era cristiana y que comenzó a ser utilizado como animal de carga en Medio Oriente mucho después del año 1000 a.C. La historia de José dice que la caravana de camellos transporta "goma tragacanto, bálsamo y láudano". Esa inscripción corresponde al comercio realizado por los mercaderes árabes bajo control del imperio asirio en los siglos VIII y VII a.C. Otro hecho anacrónico es la primera aparición de los filisteos en el relato, cuando Isaac encuentra a Abimelech, rey de los filisteos. Esos filisteos -grupo migratorio proveniente del mar Egeo o de Asia Menor- se establecieron en la llanura litoral de Canaán a partir de 1200 a.C. Esos y otros detalles prueban que esos textos fueron escritos entre los siglos VIII y VII a.C.
-El heroísmo de Moisés frente a la tiranía del faraón, las diez plagas de Egipto y el éxodo masivo de israelitas hacia Canaán son algunos de los episodios más dramáticos de la Biblia. ¿También eso es leyenda?
-Según la Biblia, los descendientes del patriarca Jacob permanecieron 430 años en Egipto antes de iniciar el éxodo hacia la Tierra Prometida, guiados por Moisés, a mediados del siglo XV a.C. Otra posibilidad es que ese viaje se haya producido dos siglos después. Los textos sagrados afirman que 600.000 hebreos cruzaron el Mar Rojo y que erraron durante 40 años por el desierto antes de llegar al monte Sinaí, donde Moisés selló la alianza de su pueblo con Dios. Sin embargo, los archivos egipcios, que consignaban todos los acontecimientos administrativos del reino faraónico, no conservaron ningún rastro de una presencia judía durante más de cuatro siglos en su territorio. Tampoco existían, en esas fechas, muchos sitios mencionados en el relato. Las ciudades de Pitom y Ramsés, que habrían sido construidas por los hebreos esclavos antes de partir, no existían en el siglo XV a.C. En cuanto al Exodo, desde el punto de vista científico no resiste el análisis.
-¿Por qué?
-Porque, desde el siglo XVI a.C., Egipto había construido en toda la región una serie de fuertes militares, perfectamente administrados y equipados. Nada, desde el litoral oriental del Nilo hasta el más alejado de los pueblos de Canaán, escapaba a su control. Casi dos millones de israelitas que hubieran huido por el desierto durante 40 años tendrían que haber llamado la atención de esas tropas. Sin embargo, ni una estela de la época hace referencia a esa gente. Tampoco existieron las grandes batallas mencionadas en los textos sagrados. La orgullosa Jericó, cuyos muros se desplomaron con el sonar de las trompetas de los hebreos, era entonces un pobre caserío. Tampoco existían otros sitios célebres, como Bersheba o Edom. No había ningún rey en Edom para enfrentar a los israelitas. Esos sitios existieron, pero mucho tiempo después del Exodo, mucho después de la emergencia del reino de Judá. Ni siquiera hay rastros dejados por esa gente en su peregrinación de 40 años. Hemos sido capaces de hallar rastros de minúsculos caseríos de 40 o 50 personas. A menos que esa multitud nunca se haya detenido a dormir, comer o descansar: no existe el menor indicio de su paso por el desierto.
-En resumen, los hebreos nunca conquistaron Palestina.
-Nunca. Porque ya estaban allí. Los primeros israelitas eran pastores nómadas de Canaán que se instalaron en las regiones montañosas en el siglo XII a.C. Allí, unas 250 comunidades muy reducidas vivieron de la agricultura, aisladas unas de otras, sin administración ni organización política. Todas las excavaciones en la región exhumaron vestigios de poblados con silos para cereales, pero también de corrales rudimentarios. Esto nos lleva a pensar que esos individuos habían sido nómadas que se convirtieron en agricultores. Pero ésa fue la tercera ola de instalación sedentaria registrada en la región desde el 3500 a.C. Esos pobladores pasaban alternativamente del sedentarismo al nomadismo pastoral con mucha facilidad.
-¿Por qué?
-Ese tipo de fluctuación era muy frecuente en Medio Oriente. Los pueblos autóctonos siempre supieron operar una rápida transición de la actividad agrícola a la pastoral en función de las condiciones políticas, económicas o climáticas. En este caso, en épocas de nomadismo, esos grupos intercambiaban la carne de sus manadas por cereales con las ricas ciudades cananeas del litoral. Pero cuando éstas eran víctimas de invasiones, crisis económicas o sequías, esos pastores se veían forzados a procurarse los granos necesarios para su subsistencia y se instalaban a cultivar en las colinas. Ese proceso es el opuesto al que relata la Biblia: la emergencia de Israel fue el resultado, no la causa, del derrumbe de la cultura cananea.
-Pero entonces, si esos primeros israelitas eran también originarios de Canaán, ¿cómo identificarlos?
-Los pueblos disponen de todo tipo de medios para afirmar su etnicidad: la lengua, la religión, la indumentaria, los ritos funerarios, los tabúes alimentarios. En este caso, la cultura material no propone ningún indicio revelador en cuanto a dialectos, ritos religiosos, formas de vestirse o de enterrar a los muertos. Hay un detalle muy interesante sobre sus costumbres alimentarias: nunca, en ningún poblado israelita, fueron exhumados huesos de cerdo. En esa época, los primeros israelitas eran el único pueblo de esa región que no comía cerdo.
-¿Cuál es la razón?
-No lo sabemos. Quizá los protoisraelitas dejaron de comer cerdo porque sus adversarios lo hacían en profusión y ellos querían ser diferentes. El monoteísmo, los relatos del Exodo y la alianza establecida por los hebreos con Dios hicieron su aparición mucho más tarde en la historia, 500 años después. Cuando los judíos actuales observan esa prohibición, no hacen más que perpetuar la práctica más antigua de la cultura de su pueblo verificada por la arqueología.
-En el siglo X a.C. las tribus de Israel formaron una monarquía unificada -el reino de Judá- bajo la égida del rey David. David y su hijo, Salomón, servirán de modelo a las monarquías de Occidente. ¿Tampoco ellos fueron lo que siempre se creyó?
-Tampoco en este caso la arqueología ha sido capaz de encontrar pruebas del imperio que nos legó la Biblia: ni en los archivos egipcios ni en el subsuelo palestino. David, sucesor del primer rey, Saúl, probablemente existió entre 1010 y 970 a.C. Una única estela encontrada en el santuario de Tel Dan, en el norte de Palestina, menciona "la casa de David". Pero nada prueba que se haya tratado del conquistador que evocan las Escrituras, capaz de derrotar a Goliat. Es improbable que David haya sido capaz de conquistas militares a más de un día de marcha de Judá. La Jerusalén de entonces, escogida por el soberano como su capital, era un pequeño poblado, rodeado de aldeas poco habitadas. ¿Dónde el más carismático de los reyes hubiera podido reclutar los soldados y reunir el armamento necesarios para conquistar y conservar un imperio que se extendía desde el Mar Rojo, al Sur, hasta Siria, al Norte? Salomón, constructor del Templo y del palacio de Samaria, probablemente tampoco haya sido el personaje glorioso que nos legó la Biblia.
-¿Y de dónde salieron sus fabulosos establos para 400.000 caballos, cuyos vestigios sí se han encontrado?
-Fueron criaderos instalados en el Sur por el reino de Israel varios decenios más tarde. A la muerte de Salomón, alrededor del 933 a.C., las tribus del norte de Palestina se separaron del reino unificado de Judá y constituyeron el reino de Israel. Un reino que, contrariamente a lo que afirma la Biblia, se desarrolló rápido, económica y políticamente. Los textos sagrados nos describen las tribus del Norte como bandas de fracasados y pusilánimes, inclinados al pecado y a la idolatría. Sin embargo, la arqueología nos da buenas razones para creer que, de las dos entidades existentes, la meridional (Judá) fue siempre más pobre, menos poblada, más rústica y menos influyente. Hasta el día en que alcanzó una prosperidad espectacular. Esto se produjo después de la caída del reino nórdico de Israel, ocupado por el poderoso imperio asirio, que no sólo deportó hacia Babilonia a los israelitas, sino que además instaló a su propia gente en esas fértiles tierras.
-¿Fue, entonces, durante el reino de Josías en Judá cuando surgió la idea de ese texto que se transformaría en fundamento de nuestra civilización occidental y origen del monoteísmo?
-Hacia fines del siglo VII a.C. hubo en Judá un fermento espiritual sin precedente y una intensa agitación política. Una coalición heteróclita de funcionarios de la corte sería responsable de la confección de una saga épica compuesta por una colección de relatos históricos, recuerdos, leyendas, cuentos populares, anécdotas, predicciones y poemas antiguos. Esa obra maestra de la literatura -mitad composición original, mitad adaptación de versiones anteriores- pasó por ajustes y mejoras antes de servir de fundamento espiritual a los descendientes del pueblo de Judá y a innumerables comunidades en todo el mundo.
-El núcleo del Pentateuco fue concebido, entonces, quince siglos después de lo que creíamos. ¿Sólo por razones políticas? ¿Con el fin de unificar los dos reinos israelitas?

-El objetivo fue religioso. Los dirigentes de Jerusalén lanzaron un anatema contra la más mínima expresión de veneración de deidades extranjeras, acusadas de ser el origen de los infortunios que padecía el pueblo judío. Pusieron en marcha una campaña de purificación religiosa, ordenando la destrucción de los santuarios locales. A partir de ese momento, el templo que dominaba Jerusalén debía ser reconocido como único sitio de culto legítimo por el conjunto del pueblo de Israel. El monoteísmo moderno nació de esa innovación.

Un poco de filosofía; EL BARÓN D’HOLBACH, EL FILÓSOFO “RADICAL”


Afirma el filósofo Eduardo Bello: “Y alguien que supo alumbrar en aquel tiempo con la luz de la razón fue el barón D’Holbach, uno de los filósofos más destacados de la Ilustración, aunque quizá menos conocido que sus colegas deístas. Su radicalismo anticlerical, su defensa a ultranza del materialismo ateo y su propuesta de una ética eudemonista suponen una victoria absoluta contra el paradigma del Antiguo Régimen”
La Ilustración o ‘Edad de la razón’, que podemos situarla a lo largo del siglo XVIII, trajo consigo una revolución del pensamiento y de las ideas fundamentada en los nuevos conocimientos científicos y filosóficos que vinieron a cuestionar, sobre todo, la antigua forma de interpretar el mundo. La religión tradicional, con su trasnochada visión medieval sustentada en la idea de que la fuente última de la verdad era la revelación divina expuesta en la Biblia y transmitida por la Iglesia, se vio seriamente afectada por las desafiantes corrientes intelectuales y laicistas que se propagaron por toda Europa. “La idea de que, hasta ese momento, el mundo había vivido en una oscuridad variable, y que había llegado el momento de despertar de una especie de estupor intelectual, refleja claramente el optimismo y la arrogancia que caracterizaron el período. Pero fue en esta época, más que en ninguna otra, cuando empezó a gestarse el mundo moderno en el que vivimos”, sostiene el filósofo
británico Jonathan Hill. Los postulados de santo Tomás de Aquino y los filósofos escolásticos, que trataron de aunar fe y razón a través de la teología de san Agustín y la ciencia de Aristóteles, quedarían eclipsados por las nuevas ideas surgidas a partir del Renacimiento. Insignes pensadores y científicos como Bacon, Kepler, Descartes, Copérnico, Galileo, Spinoza y Newton influyeron notablemente en el cambio de paradigma que provocó una inevitable quiebra del viejo modelo y una eclosión cultural sin parangón. La ciencia experimental, sobre todo a través de la observación astronómica, puso en entredicho las teorías aristotélicas y, por ende, el sistema tolemaico (Tolomeo sostenía que la Tierra era el centro del universo y que todos los demás cuerpos celestes giraban a su alrededor en órbitas circulares).
Así pues, con este radiante horizonte, a pesar de que los nubarrones no se disiparon del todo (el autoritarismo dogmático y la tiranía de la Iglesia siguieron vigentes y haciendo de las suyas), surgió una nueva era de esplendor, que alzó como bandera el célebre lema de Kant: “Sapere aude!”, es decir, “¡Atrévete a saber”, “¡Atrévete a servirte de tu propio entendimiento!”… Era, pues, conveniente confiar plenamente en la razón y emanciparse de los prejuicios teológicos y metafísicos. El hombre tenía por fin que tomar las riendas de su propio destino, que siempre había estado en manos de ficticios dioses y de la casta sacerdotal. O sea, había que sustituir cualquier idea de trascendencia por una concepción inmanentista del mundo y reemplazar el Estado absolutista del Antiguo Régimen por un Estado liberal y laico. “Contra las tinieblas religiosas, el oscurantismo teológico, la noche católica, apostólica y romana que dominaba Europa desde el golpe de Estado de Constantino, un puñado de pensadores a contracorriente del pensamiento mágico y místico, en las antípodas de las ficciones, las fábulas y otros recursos mitológicos, aporta antorchas, candelabros, lámparas y linternas para terminar superando la pequeña y endeble claridad de la vela”, afirma el filósofo francés Michel Onfray.   
El personaje del que vamos a ocuparnos, Paul-Henri Thiry, más conocido como el barón D’Holbach, llegó mucho más lejos que sus colegas filósofos en cuanto a la consolidación del ateísmo y del materialismo filosófico. Pese a que el establishment filosófico no le ha dado un merecido reconocimiento (la corriente idealista es la que prevalece), no puede olvidarse que sus obras, sobre todo Sistema de la naturaleza, se convirtieron en las más influyentes del movimiento ilustrado europeo. Su lucha contra el fideísmo, la superstición y el oscurantismo religioso fue implacable. “Muchos hombres inmorales atacan la religión porque iba contra sus inclinaciones. Muchos hombres sabios la despreciaron porque la consideraron ridícula, pero como ciudadano, la ataco porque me parece dañina para el bienestar del Estado, hostil frente a la marcha de la mente humana, y opuesta a la moralidad más sana”, escribió en El cristianismo al descubierto. Así de contundente solía expresarse. Ni Voltaire, ni Diderot, ni siquiera Hume alcanzan en sus escritos la radicalidad de su pensamiento. “D’Holbach simboliza el umbral máximo de radicalismo filosófico del que fue capaz un sector de la burguesía, en oposición completa al feudalismo”, manifiesta el historiador Pascal Charbonnat. Su visión del mundo fue estrictamente materialista y mecanicista, rechazando todo principio teológico.
A diferencia de la mayoría de filósofos ilustrados (aunque lucharon ferozmente contra la intolerancia religiosa, consideraron el ateísmo como algo inmoral), no dejó ni un pequeño resquicio al deísmo (la creencia racional en un ser supremo que creó el universo pero que no interfiere en el orden natural e histórico). Para D’Holbach, el ateo “es un hombre que destruye quimeras dañinas para el género humano, para hacer volver a los hombres a la Naturaleza, a la experiencia y a la razón”. Y así se sentía él. Pero repasemos brevemente su biografía antes de profundizar en su materialismo ateo y en sus obras subversivas, todas prohibidas, condenadas y quemadas por los censores eclesiásticos, que se convirtieron en los máximos adversarios de los filósofos, controlando con lupa sus publicaciones, firmadas a veces bajo pseudónimo por razones obvias.

UN FILÓSOFO ENTRE LOS ARISTÓCRATAS
D’Holbach nació el 8 de diciembre de 1723 en Edesheim,  se impregnó de una educación científica que marcó su época estudiantil. Regresa a París en 1749, donde residirá hasta su muerte, acaecida el 21 de enero de 1789, meses antes de dar comienzo la Revolución Francesa (al igual que Diderot, sus restos descansan en una tumba anónima hallada en la iglesia de Saint-Roch, en el olvido más absoluto. D’Holbach abordó temas tan diversos como filosofía, física, química, medicina, geología, mineralogía, metalurgia, etc. También la respaldó económicamente.
Asimismo, entre 1760 y 1780, D’Holbach mantuvo una ardua labor literaria, redactando y traduciendo las más importantes obras antirreligiosas y ateístas (también panteístas y deístas) de su época. Además, sus actos filantrópicos fueron muy destacados. De hecho, declaró: “Soy rico, pero no veo en la fortuna más que un instrumento para obrar el bien con mayor prontitud y eficacia”. A su vez, enfatizó su lucha contra los prejuicios religiosos y políticos, haciendo especial hincapié en la necesidad de exterminar toda superstición, fuente de constantes temores e injusticias. El hombre inventa potencias celestiales para mitigar los miedos que nacen de la ignorancia.
Para fundamentar su materialismo ateo, D’Holbach se basó en el conocimiento científico y en una visión racional del mundo. “Su bestia negra fueron los prejuicios de toda clase, religiosos, sociales, éticos y políticos. Su ideal fue la ciencia, o, mejor dicho, la sustitución de todas las ideas acerca del universo por la visión del ‘mundo mecánico’ de Newton. Los únicos ‘dioses’ de D’Holbach fueron, junto con la Ciencia, la Naturaleza y la Razón”, señala el filósofo José Ferrater. Para D’Holbach, no hay lugar para lo trascendente. No hay un creador divino ni providencia alguna. Solo existe la Naturaleza, que es autosuficiente, con sus leyes inmutables de causas y efectos (nada se produce por azar), y los seres vivos que formamos parte de ella (sugirió que la moral debería basarse en las leyes naturales y no en falsos presupuestos sobrenaturales). Más allá del mundo sensible, de lo inmanente, no hay nada. No existen causas finales ni intencionalidad en el universo. “Reconozcamos, pues, que la materia existe por sí misma, que actúa por su propia energía y que no se aniquilará jamás. Digamos que la materia es eterna y que la Naturaleza ha estado, está y estará siempre ocupada en producir, destruir, hacer y deshacer, seguir las leyes que resultan de su existencia necesaria”, aseguró el filósofo.

EL ‘CLUB HOLBÁQUICO’
D’Holbach fue, sin duda, el mecenas de los filósofos. Por su mansión parisina, próxima al Louvre, desfilaron los grandes intelectuales y filósofos del momento: Diderot, D’Alembert, Voltaire, Rousseau, Buffon, Helvétius, Condillac, Beccaria, Hume, etc. Los encuentros tenían lugar los jueves y domingos. Además, el elegante salón —provisto de una extraordinaria biblioteca científica— también lo frecuentaban científicos, políticos, juristas, literatos, artistas… Rousseau denominó a aquella camarilla el ‘club holbáquico’, mientras que Diderot la bautizó irónicamente como la ‘sinagoga de los filósofos’. La hospitalidad y la generosidad de D’Holbach sorprendían gratamente a los invitados, agradecidos siempre por el cordial ambiente y la exquisitez con que eran tratados por el anfitrión —un marido modelo, decían— y su complaciente esposa, que siempre estaba presta para que nada faltara en aquellas tertulias, sobre todo, exquisitos menús, ganándose así la admiración de los invitados. “Se solían reunir entre quince y veinte personas amantes de las artes y del espíritu y se servía un excelente vino y un excelente café en unas reuniones donde dominaba la simplicidad de maneras y la alegría y que empezaban a las dos de la tarde y se prolongaban hasta las ocho […] Los teístas y ateos defendían sus posiciones en casa del barón rodeados por el espíritu de la tolerancia”
En aquellas reuniones, los adalides de la Ilustración promovieron ideas revolucionarias y nuevas teorías científicas, poniendo en circulación varias obras clandestinas.

En el fondo, él sí creía en Dios y en una vida post mortem. “He sufrido demasiado en esta vida para no esperar otra. Todas las sutilezas de la metafísica no me harán dudar de la inmortalidad del alma ni un solo momento; lo siento, creo en ella, la quiero, la espero, y la defenderé hasta mi último aliento”, escribió en una carta dirigida a Voltaire el 18 de agosto de 1756

EL CRISTIANISMO AL DESCUBIERTO
“Es completamente opuesto a mis principios. Este libro conduce a un ateísmo que detesto”, declaró Voltaire al referirse a El cristianismo al descubierto, publicado en 1761. No podía sospechar que fue escrito por su buen amigo D’Holbach, pues fue atribuida al ‘difunto señor Boulanger‘, otro pseudónimo empleado por el anfitrión de los filósofos. La obra se difundió de forma clandestina, pero tuvo una enorme repercusión. Su autor afirmó tajantemente que las religiones son nocivas para los hombres, pues no tienen la menor utilidad —destacó el carácter asocial del cristianismo— y encima fomentan la ignorancia, excluyendo la razón y la experiencia. “La fe prohíbe la duda y el examen, priva al hombre de la facultad de ejercer su razón y de la libertad de pensar […] La fe es una virtud inventada por los hombres que temían las luces de la razón, que quisieron engañar a sus semejantes para someterlos a su propia autoridad y que trataron de degradarlos con el fin de ejercer su poder sobre ellos”, sentenció.
Las reacciones no se hicieron esperar. El abate Bergier, enemigo del ideario ilustrado, escribió un libro de más de 800 páginas bajo el título Apologie de la religión chrétienne contre l’auteur du Christianisme dévoilé. Pretendió desacreditar el contenido ateísta, anticlerical y antirreligioso de El cristianismo al descubierto (que, como era de prever, fue quemado públicamente). Pero D’Holbach demostró bastante soltura en el manejo de los textos bíblicos, encontrando flagrantes contradicciones y errores que desmontan ipso facto la presunción de que la Biblia está inspirada por Dios. Fue redactada por hombres y además pésimamente. “¿Acaso los hombres no son propensos a engañarse a sí mismos y a engañar a otros? ¿Cómo saber entonces si se puede confiar en los testimonios de esos portavoces del cielo? ¿Cómo saber si no han sido víctimas de una imaginación demasiado viva o de alguna ilusión?”, se pregunta D’Holbach. Para el filósofo ateo, el Evangelio es una novela repleta de narraciones ficticias y disparatadas. Un plagio en toda regla de antiguas leyendas paganas. “No hay que extrañarse si vemos a los judíos y a los cristianos que los sucedieron imbuidos de nociones tomadas de los fenicios, magos o persas, griegos y romanos”, asegura. Y Jesús no fue más que un simple “charlatán”, un fabulador que anunció profecías que jamás se cumplieron y que dictó preceptos imposibles de cumplir. “El fanatismo y el entusiasmo son la base de la moral de Cristo —afirma—. Las virtudes que recomienda tienden a aislar a los hombres, sumirlos en un humor sombrío y convertirlos a menudo en dañinos para sus semejantes. Aquí abajo hacen falta virtudes humanas”
D’Holbach se extraña de la falta de conocimientos y de interés que el devoto tiene sobre su propia religión. Cree por inercia, porque es lo que le han inculcado desde su niñez por pura tradición. “El medio más seguro de engañar a los hombres y perpetuar sus prejuicios es engañarlos desde la infancia”, declara. Pero cuando llega la edad adulta, el creyente no se molesta en averiguar las razones de su fe ni se pregunta si tienen algún sentido las creencias que defiende con tanto ahínco: “La mayoría de los hombres sólo aman su religión por costumbre. Jamás han examinado seriamente las razones que les ligan a ella, los motivos de su conducta y los fundamentos de sus opiniones. Lo que les parece más importante fue siempre aquello en lo que más temieron profundizar. Siguen los caminos que sus padres les han trazado, creen porque se les ha dicho desde la niñez que se debe creer, esperan porque sus antepasados han esperado, se estremecen porque sus antecesores se han estremecido, y casi nunca se han dignado cuestionarse los motivos de su creencia”, remarca.
Respecto a la moral cristiana, D’Holbach tiene claro que no es la más aconsejable para la convivencia pacífica entre los hombres, pues considera que ha sido fuente de división, furia y crímenes. “Bajo el pretexto de traer la paz, la religión trajo sólo cólera, odio, discordia y guerra […] La religión cristiana no posee el derecho de vanagloriarse de los beneficios que procura a la moral o a la política. Arranquémosle el velo con que se cubre, remontémonos a su origen, analicemos sus principios, sigámosla en su camino y encontraremos que, fundada en la impostura, la ignorancia y la credulidad, no ha sido ni será jamás útil sino para hombres interesados en engañar al género humano; que nunca cesó de causar los peores males a las naciones y que, en lugar de la felicidad prometida, sólo sirvió para embriagarlas de furor, anegarlas en sangre, sumirlas en el delirio y el crimen y hacerles desconocer sus verdaderos intereses y sus deberes más sagrados”.
Por otra parte, según D’Holbach, los milagros o prodigios son, en unos casos, fenómenos naturales cuyos principios y modo de actuar ignoramos, y en otros, fraudes orquestados por impostores para sacar tajada económica y engañar a gente ignorante y supersticiosa. Así opina al respecto: “Los milagros han sido inventados únicamente para enseñar a los hombres cosas imposibles de creer: si se hablara con sentido común, no habría necesidad de milagros […] Los milagros no prueban nada, salvo el ingenio y la impostura de quienes pretenden engañar a los hombres para confirmar las mentiras que les han anunciado y la credulidad estúpida de aquellos a quienes estos impostores seducen […] Todo hombre que hace milagros no pretende demostrar verdades sino mentiras […] Decir que Dios hace milagros es decir que se contradice a sí mismo, que se desdice de las leyes que él mismo ha prescrito a la naturaleza y que vuelve inútil la razón humana, de la que es autor. Sólo los impostores pueden decirnos que renunciemos a la experiencia y rechacemos la razón”.
D’Holbach concluye que el cristianismo es perjudicial para los hombres, pues es causa de fanatismo, ignorancia, disensiones, persecuciones, guerras, masacres… No ha contribuido en absoluto a elevar la moral de los hombres, pues entre sus filas encontramos gente muy poco virtuosa, sobre todo entre la casta sacerdotal, tan dada al vicio y a la tiranía. “Si la religión cristiana es, como se pretende, un freno para los crímenes inconfesables de los hombres y ejerce efectos saludables sobre ciertos individuos, ¿son comparables estas ventajas tan extrañas, débiles y dudosas con los males visibles, seguros e inmensos que esta religión ha sembrado sobre la tierra?”, se pregunta.

SISTEMA DE LA NATURALEZA
“El origen de la infelicidad del hombre es su ignorancia de la Naturaleza”, afirma D’Holbach al comienzo de su soberbia obra Sistema de la Naturaleza, publicada en 1770 (también bajo pseudónimo: M. Mirabaud). En ella desmonta con sólidos argumentos el mundo de los mitos y de las creencias religiosas y propone una ética fundamentada en las leyes naturales y en la razón, una vez emancipada de la teología. Ignorar las causas de los fenómenos naturales lleva a la gente a creer en Dios, asegura el barón. Una creencia que también se alimenta de nuestros miedos, como el que tenemos a la muerte. Hay, pues, que destruir de una vez por todas las “quimeras de la imaginación” inoculadas durante siglos por la castrante tradición cristiana. “Los hombres siempre se engañarán abandonando la experiencia para seguir sistemas imaginarios. El hombre es la obra de la naturaleza: existe en la naturaleza, está sujeto a sus leyes, no puede librarse de ellas; y no puede ir más allá de ellas ni siquiera con el pensamiento”, escribe.
La moral sobrenatural es opuesta a la moral natural. No se puede construir una moral sana si se abandona la razón y se recurre a ficciones teológicas. La moral defendida por la religión, o sea, la moral de los dioses, jamás contribuye a la felicidad de los hombres, sino que los hace desgraciados y miserables. Eso queda suficientemente subrayado en Sistema de la Naturaleza: “Los hombres han sido durante demasiado tiempo las víctimas y los juguetes de la moral incierta que la religión enseña […] La moral sobrenatural no está en absoluto conforme a la Naturaleza: la combate, quiere aniquilarla, la obliga a desaparecer a la temible voz de sus dioses […] Ármate, pues, ¡oh hombre!, de una justa desconfianza contra aquellos que se oponen a los progresos de la razón o que te insinúan que el examen puede dañar, que la mentira es necesaria, que el error puede ser útil. Todo el que prohíbe el examen tiene intenciones de engañar”.

El esclavo moderno


¿Nacimos para ello? Debemos trabajar a diario, no sólo para satisfacer nuestras necesidades básicas sino también para consumir, saldar nuestras deudas y seguir consumiendo. Sin importar si te trata de un trabajo explotador, perjudicial, humillante, asqueroso, monótono, peligroso, estresante, repetitivo u obsoleto… El esclavo moderno siempre estará agradecido de tener un trabajo dentro de una sociedad con escasas oportunidades laborales. 
VEA EL VIDEO>


Un portal de Belén en una cueva de hace 5000 años, entonces, ¿A quién adoran los cristianos?

¿Usó la iglesia la iconografía que había en el antiguo Egipto y en el imperio romano para su expansión? En este programa nos acercaremos a un interesantísimo hallazgo realizado en una cueva de Egipto en donde aparece una escena similar a lo que la iglesia ha utilizado siempre para ilustrar el nacimiento de Jesucristo. ¿Sería posible que realmente estuviésemos hablando de un mesías nacido 3000 años antes en una escena que fue tomada posteriormente por la iglesia?
¿Sería posible, de hecho que esa escena incluyese menciones al Apocalipsis de la biblia y al anticristo?
¿Un portal de Belén da hace 5,000 años atrás? El niño que se eleva no parece humano ¿O sí? Al parecer la iglesia ha usado esta iconografía para graficar el nacimiento en Belén de un mesías, sin decirnos que esta escena fue copiada y tiene más de 5,000 años en el neolítico tardío. Veamos el video.

Algunas pruebas clave, que te demostrarán la verdad oculta sobre las religiones.

Si te dijera que todas las religiones profesadas por la humanidad en la actualidad, no provienen de la inspiración divina y que provienen directamente de la élite en el poder. ¿Qué pensarías?
Más de uno pensaría directamente que estoy chiflado, seguramente lo pensarán aquellos que no se han parado a leer las pruebas ni los enlaces que presentamos en este artículo.
Hoy hablaremos de pruebas, de hechos incontestables.
¿Te atreves a seguir leyendo a riesgo de dinamitar todos tus esquemas mentales sobre el pasado y el presente?
Adelante pues.
Decirte que una casta sacerdotal en coordinación con la clase dirigente ha creado todas las liturgias, escritos sagrados y deidades desde babilonia hasta nuestros días quizá te diga muy poco.
Pero ¿qué pensarías si por ejemplo te dijera que la ciudad de Nazaret jamás existió antes de la escritura del nuevo testamento? o que moisés, Jesucristo o alá son personajes, ¿tan reales como papa Noel o los reyes magos?
Vamos con las pruebas.

Nazaret no es mencionada por ningún historiador o geógrafo del siglo primero de nuestra era ni tampoco en ningún siglo anterior a esa fecha.
Nazaret no se menciona ni en el antiguo testamento ni en el talmud donde se citan todas las ciudades de galilea.
Ni siquiera el historiador Flavio Josefo (que tampoco era contemporáneo del supuesto cristo), la menciona en su exhaustivo registro de la población de galilea.
Flavio Josefo
Josefo en su registro relata con detalle un total de 45 ciudades y aldeas. Nazaret no está incluida. No porque Josefo le “tuviera manía”, simplemente no había ninguna Nazaret.
Los defensores del nuevo testamento alegan que Nazaret “debía ser una pequeña aldea insignificante y que por eso nadie se acordó de ella en ningún texto durante miles de años”.
Pero se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.
Según el nuevo testamento Nazaret era una ciudad con sinagoga, no una minúscula aldea escondida.
Las pruebas. Lucas: 4: 29
Lucas: 4: 16
Entonces, ¿por qué utilizó la élite romana ideóloga del cristianismo, el nombre de Nazaret como el lugar donde el imaginario cristo pasó sus años de “vida privada”?.
La etimología una vez más nos da la clave.
El término “Nazaret” viene del hebreo “nazir” que significa el apartado o el escogido de dios.
Esto nos indica el profundo conocimiento que la casta sacerdotal romana tenía de los mitos y símbolos judíos y egipcios. Y digo egipcios porque la famosa cruz no es invento cristiano si no una readaptación de la cruz egipcia.
Esta élite que nos domina mentalmente ha ido readaptando los mitos mesopotámicos y egipcios a lo largo de los siglos.
No hay ni una sola prueba arqueológica o escrita durante el periodo de vida del supuesto cristo que acredite la existencia ni de Jesús, ni de maría, los apóstoles, maría magdalena, juan bautista, san José etc., etc.
Todos tan reales como papa Noel o los reyes magos.
En cambio todos sabemos que los reyes magos no existieron y que es un cuento para niños. ¿Por qué elegimos creer en que algo es real y lo otro es cuento cuando todo viene de la misma fuente?
Hasta ese extremo llega el control mental que ejerce esta élite oscura sobre todos nosotros.
El evangelio nos dice que Jesús fue crucificado “junto a dos ladrones”.
Lo que no te dicen es que los romanos en la época que relata el nuevo testamento no crucificaban a los ladrones, sólo a los asesinos, los enemigos de batalla o aquellos que se alzaban en armas contra el poder.
La sábana santa otra de las pruebas de los defensores del nuevo testamento ha resultado ser otro fraude.
Amigo cristiano si en este momento la cabeza empieza a darte vueltas, no te preocupes no eres el único.
El judaísmo también es un mito creado por la casta sacerdotal del reino de Judá en el siglo vii a.m.
Personajes como Noé o moisés son tan reales como snoopy o el capitán américo.
No hay ni una sola evidencia arqueológica o escrita anterior al pentateuco que acredite la existencia de moisés y mucho menos el éxodo de Egipto ni tan siquiera que hubiera judíos en aquel tiempo.
http://www.lanacion.com.ar/775002-el-exodo-no-existio-afirma-el-arqueologo-israel-finkelstein
Tal como demostramos en el siguiente artículo clave, la casta sacerdotal del reino de Judá se inventó el éxodo basándose en la expulsión de los hicsos (de origen semita) del bajo Egipto por parte de los faraones del alto Egipto.
Y por cierto, los hicsos no eran esclavos si no una élite de extranjeros de origen semita con conocimientos avanzados que se hicieron con el poder en el bajo Egipto.

El pentateuco también tiene sus ciudades inventadas.
Ciudades egipcias como pitom o Ramsés no existían en las fechas que relatan el pentateuco pero sí cuando se escribieron en el siglo vii a.m.
Y qué decir del islam, una nueva vuelta de tuerca de las otras dos religiones brahmánicas, pura invención de un señor llamado Mahoma que procedía de una familia de la élite mesopotámica.
Todos estos textos religiosos fueron escritos basándose en una mitología anterior sumeria y egipcia.
La santísima trinidad es un concepto utilizado durante milenios.

Desde la trinidad babilónica de Nemrod, sembramos y tamiz, hasta los dioses utilizados por los egipcios.
El símbolo de la flor de lis presente en muchas banderas simboliza esa "trinidad".
Observad unos detalles clave.

El término “amén” tiene su origen en Egipto.
El dios Amón se pronunciaba en egipcio amén.
La trinidad de esta religión originaria de Tebas era aman (padre), amonte o amenes (la esposa) y Jonsu (el hijo).
El femenino de amén era Amenet, con lo cual la traducción de Nazaret sería “nazir- et “, “la que está reservada para dios “.

Amén-ra con el halo divino y la cruz en la mano
Una prueba más sobre las fuentes que utilizaron los escritores del nuevo testamento, que nada tenían que ver con humildes pastores o pescadores de galilea, dado que éstos eran analfabetos en aquella época.
Ninguno tenía acceso a la educación pero los escribas y la élite sí.
Amón o amén posteriormente conocido como Amón-ra o Amén-ra, era el dios solar al igual que el dios judeo-cristiano.
Su hijo jonsu era una deidad lunar en la que se basó Mahoma para crear el Corán.
Curiosamente Amenet la esposa de amén era una mujer con cabeza de serpiente.
https://es.wikipedia.org/wiki/amonet
Estatuillas mesopotámicas, cultura el obeid
tras la expulsión de los hicsos ( futuros israelitas y fenicios ) de Egipto, el faraón que reunificó Egipto, Amosis I, cambió a la diosa madre Amenet por la diosa Mut.
Diosa Mut con la cruz en la mano
https://es.wikipedia.org/wiki/amosis_i
Este hecho evidenciaba el interés del faraón por permanecer al menos públicamente al margen de la adoración a la serpiente.
Adoración que profesaban los hicsos y sigue profesando la élite actual en secreto.
La creación de deidades ha ido siempre ligada al poder. Un ejemplo lo tenemos en Egipto con el culto a Atón.
amén-hotep iv propuso una nueva religión monoteísta alejado de la trinidad divina. El culto a amén-ra se sustituyó por otra deidad también solar llamada Atón.
hasta tal punto llegaba la identificación del poder con la religión que el faraón amén-Hotep IV cambió su nombre por Aken-atón.
Aken-atón, una deidad solar única, monoteísmo puro y duro como el posterior Yahvé judaico inventado por los sacerdotes del reino de Judá sin lugar a dudas influenciados por el culto a atón.
Recordemos que el reino de Judá se estableció en Canaán, territorio bajo la órbita del imperio egipcio durante miles de años.
Una vez explicados los hechos debo decir que cada cual es libre de creer en lo que estime oportuno, el problema no radica ahí.
El problema no es la práctica de unas costumbres y tradiciones religiosas que deben ser respetadas como algo personal y propio de cada ser humano.
El problema es que se está tratando de vender como real una historia inventada por la élite en el poder, con un claro objetivo.
Adormecer el intelecto y la voluntad humana,
A la élite no le importa en qué religión creas, mientras creas en alguna. Ya que todas ellas le pertenecen.

Esto nuevamente nos lleva a un punto de reflexión muy importante.
¿Es humana esa inteligencia que durante milenios readapta conceptos religiosos para tenernos enfrentados?
¿Qué tipo de “inteligencia” hay detrás de toda esta manipulación humana, cuando el objetivo es algo tan oscuro, como el control y el enfrentamiento?
¿Puede un ser humano hacer planes a mil o dos mil años vista?

Obelisco egipcio en el vaticano
¿Dónde están esos dioses sumerios creadores de la civilización, han desaparecido realmente de nuestras vidas?

¿O quizá siguen manejándonos desde otro plano de existencia?